Estigma ¿Señal de Santidad o Trastorno Mental?

Título principal: Heridas sagradas
Autor(es):

  • Brenner, Ariel


Fecha de publicación: 01/23/2000
Fuente: El Nacional – Todo en Domingo

 

Heridas sagradas

 

Los estigmáticos son personas que ostentan en su cuerpo las cinco heridas (pies, manos y costado) que Cristo recibió en la cruz. Es un fenómeno que suele asociarse con la santidad, no en balde, San Francisco de Asís y el padre Pío son los casos más famosos. Pero la medicina moderna le ha cerrado el paso a las explicaciones místicas. Personas con síntomas de estrés severo o de personalidad múltiple son propensos a mostrar estos estigmas.

Nada hay más inconmovible que un dogma de la Iglesia Católica. Pero muchos fenómenos menores relacionados con personalidades religiosas han sido rebatidos por nuevos hallazgos científicos. Un caso ejemplar es el de los estigmáticos, al que la medicina moderna le ha encontrado posible explicación; lo que no le resta misterio ante los ojos de los creyentes. Hollywood mismo estrenó una película sobre el tema a finales del año pasado: Stigmata, protagonizada por Patricia Arquette. Pese a las expectativas, el film fue un fracaso en la taquilla.

Se tiene por cierto que el primer estigmático fue San Francisco de Asís (1181-1226). He aquí un relato escrito en el siglo XIII por el hermano Leo, contemporáneo del santo, quien describe con alarde cómo tuvo noticia del fenómeno: "Desde el inicio de los tiempos no se ha escuchado maravilla semejante, salvo por la venida del Hijo de Dios… Por mucho tiempo antes de su muerte, nuestro Padre y Hermano (San Francisco) parecía haber sido crucificado, ya que su cuerpo mostraba las cinco heridas que conformaban los estigmas de Cristo. Sus manos y pies lucían como si hubiesen sido atravesados por clavos, mientras que su costado aparentaba haber sido herido con una lanza. La sangre fluía a menudo de este lugar".

Ian Wilson, conocido experto en el tema de los estigmas, califica a San Francisco de Asís como "lo que popularmente sería llamado un excéntrico". Se cuenta que en 1224, el santo italiano vio un radiante ángel ardiente con seis alas que llevaba a un hombre crucificado en el monte Alberno, en los Apeninos. Tras esa visión, cayó en trance extático y aparecieron una heridas en sus manos, pies y costado, como si él mismo hubiera sido crucificado. La autenticidad de estos estigmas fue comprobada por los papas Gregorio IX y Alejandro IV. Se cuenta que estas heridas ocasionaron dolor considerable al santo italiano.

SANTA SANGRE. Sin duda, la Historia está plagada de falsos estigmáticos. El deseo de ser famoso alentó a muchos embusteros, así como la búsqueda de dinero o de estatus religioso. Otros han obrado por simple demencia, al punto que pueden percibirse trazos de masoquismo en quienes se han flagelado a sí mismos para tatuar su cuerpo con los estigmas de Jesucristo. Algunos han sido descubiertos y acusados de fraude. En 1875, el doctor Warlomont introdujo el brazo derecho de la estigmática Louise Lateau en un cilindro de cristal, con el firme propósito de desenmascararla ante el público. El cilindro impediría que cualquiera pudiera infligirle una herida a Lateau; no obstante, como ocurría cada viernes, de la palma de su mano brotó sangre.

El mismo Vaticano es muy cuidadoso a la hora de reconocer casos de stigmata. El episodio más notorio en el siglo XX tiene como protagonista al padre Pío (1887-1968), estigmático estudiado por emisarios del Papa y a quien le fue prohibido oficiar la misa y recibir confesiones. Según el libro The book of the unexplained. Volume one, el Vaticano intentó sacarlo de su parroquia, lo que generó una respuesta airada de los feligreses. La presión popular hizo ceder a las autoridades eclesiásticas, quienes le permitieron al padre Pío oficiar una sola misa, a las cinco de la mañana. Debía hacerse una cola de días para lograr confesarse con el barbado sacerdote; así era la aureola de santo que ostentaba el padre Pío.

El padre Pío, uno de los estigmatizados más famosos.

 

Si todos los estigmáticos fueran embaucadores, a los científicos y religiosos les resultaría sencillo descubrirlos. Pero sucede que sí hay personas que sangran espontáneamente en los mismos sitios de las heridas de Cristo. La medicina tiene, al parecer, una explicación. Se ha comprobado que los estigmáticos más creíbles comparten una misma historia de severo estrés físico y emocional, el mismo estrés que padecen las personas con desórdenes de personalidad múltiple.

EL DESEO Y LA CARNE. Síntomas de estrés severo pueden rastrearse en San Francisco de Asís, quien fue profundamente afectado por su estadía en prisión (fue prisionero de guerra antes de dedicarse a la vida religiosa) y luego nunca recobró plenamente la salud. Louise Lateau fue corneada por un toro a los 11 años; luego casi muere de angina y con frecuencia estaba quebrantada. El padre Pío solía estar siempre enfermo. Los tres tuvieron visiones, conversaban con espíritus invisibles y se desmayaban debido a la intensidad de sus éxtasis religiosos.

Los estigmáticos también guardan en común cierta tendencia a convulsionar y a hablar en lenguas. La mayoría son mujeres y con frecuencia sangran en días de significación religiosa, como los viernes y durante la cuaresma: una conducta nada normal, incluso para los parámetros del fanatismo religioso. "Muchos estigmáticos han sido más célebres por sus neurosis que por su santidad", suele comentar Ian Wilson.

Son gente extremadamente sugestionable, susceptible de caer bajo el efecto de la hipnosis. Según el neurólogo Michael Persinger, de la Laurentian University (EE UU), es posible que una herida aparezca espontáneamente sin haber sido causada por una agresión física, en particular durante los efectos de la hipnosis. "Si tomas a individuos muy creativos -esto es, la misma clase de personas proclives a conversiones religiosas- y les sugieres que el metal que sostienen en sus manos está caliente y arde, se puede inducir la erythema reactiva (piel sonrojada o ampollada). Si esto se une al efecto poderoso de la sugestión, puede entenderse por qué la stigmata es un fenómeno predecible", sostiene Persinger. Aquellos que mejor reaccionan a la prueba del metal caliente, añade Ian Wilson, resultan ser "del tipo altamente estresado, tan común entre los estigmáticos y los pacientes con personalidad múltiple. Según un estudio del psicólogo Gordon Paul, de la Universidad de Illinois, entre quienes se les ampolló la piel se encontraba una víctima de neurosis por los bombardeos, un estudiante sonámbulo, un hombre que padecía ceguera histérica debido a su experiencia en la guerra y varias mujeres diagnosticadas como histéricas".

FELIGRESES EN EL DIVAN. El hipnotismo va mucho más allá en la ruta de revelar los misterios de la stigmata. El terapista Joe Keeton, de Liverpool (Inglaterra), sometió a una de sus pacientes, Pauline McKay, a una regresión hipnótica. Durante el tiempo que duró el trance, McKay se identificó como Kitty Jay, quien se había ahorcado. Los testigos presentes en la sesión dijeron que vieron aparecer en el cuello de la mujer una marca roja en el cuello, como la quemadura de una soga. Una pregunta que muchos se hacen es por qué no hay casos registrados de estigmáticos en los 1.100 años de Cristiandad anteriores a la aparición de San Francisco de Asís. Una posible explicación puede encontrarse en cómo cambió radicalmente la representación de la Pasión de Cristo en el arte. Hasta la Edad Media, Jesucristo en la cruz era mostrado vestido y casi sin sangre, sin dolor aparente. Este concepto dio paso en el siglo XIII a un Cristo sangrante y sufrido. Así era el crucifijo ante el que rezaba San Francisco cuando los estigmas se materializaron por primera vez. Este vínculo se ve reforzado por la circunstancia de que los estigmáticos tienden a emular las heridas tal y como son descritas en sus crucifijos favoritos. Detalle revelador, si se advierte que pese a que el arte religioso y muchos estigmáticos muestran heridas en las palmas de sus manos, lo más probable es que los romanos hayan insertado los clavos en las muñecas y tobillos de Jesucristo, como era la usanza en las crucifixiones de la época en Judea. En la medida en que los pintores contemporáneos han incorporado esta realidad histórica a sus lienzos, han empezado a surgir estigmáticos que sangran de sus muñecas y tobillos. Quizás a algunos milagros no les guste estar pasados de moda.

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Una respuesta to “Estigma ¿Señal de Santidad o Trastorno Mental?”

  1. edufel Says:

    son psicóticos graves, tambien envueltos en un clima social trastornado como es el de las iglesias. A pesar que no lo parezca son personas peligrosas, por las connotaciones sociopáticas que contribuyen a provocar.

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